¿Y si… Te atreves a meditar? 2da parte


¿Y si…Te atreves a meditar? 2da parte

Ver aquí la primera parte.

Después de varios encuentros del grupo de meditación, de lanzarme a esa aventura, me quedan varias reflexiones.

La primera de ellas es el compromiso infinito que siento cuando estoy frente a esas personas que se acercan buscando calmar su ruido interior, encontrar equilibrio y tomar el control de sus pensamientos, por no decir que de sus vidas. Me veo a mi misma en esa búsqueda, cuando la ansiedad, la incertidumbre, la soledad, eran extraños que miraba con temor, extraños de los que escapaba con la sensación de ser una víctima y la necesidad de que alguien viniera a librarme de ellos. Me veo tocando puertas emocionales, mentales y espirituales que me dieran respuestas, y aliviaran mi necesidad de sentirme completa, de encontrar la ecuanimidad para que las circunstancias de la vida no me derrumbaran.

La segunda es el temor a no encontrar la manera de trasmitir aquello en lo que encontré un camino a mi tranquilidad, sé que esa paz no es permanente, pero puedo recordar cómo he recorrido el camino y aunque a veces sea difícil (los extraños siempre regresan), voy entendiendo como funcionan esos viejos conocidos, la ruta no se olvida. Mi reto en estos encuentros, es aprovechar para sembrar una semilla que germine cuando sea el momento, si las personas regresan al grupo o no lo hacen, recuerden siempre que, en ese ejercicio de respirar conscientemente y enfocar su atención, esta la puerta de entrada a sí mismos, a sus respuestas y a su completud.

La tercera es la impotencia de no poder dar una solución mágica diciendo los “3 tips”, “las 5 maneras”, “los 10 trucos” o prometer que será rápido, además de mágico. Cuando se por mi experiencia que la meditación es más un asunto de terquedad y de persistencia que de trucos, y que más allá de técnicas de concentración, solo puedo ofrecer motivación, una compañía y unas orejas amorosas para escuchar sus quejas por las molestias en el cuerpo al intentar mantener la postura, o la dificultad de encontrar el momento adecuado para sentarse, o la impaciencia que sienten de estar ahí y no poder observar su respiración, o porque se pierden en el mar de pensamientos de su cotidianidad y sienten que no logran “meditar”. También todas las dudas que generan las expectativas que traen de esa “maravilla” que promete la meditación, pero que no aparecen por ningún lado, aunque lleven una semana haciendo el ejercicio que propusimos en el grupo.

La cuarta, es la confirmación que las personas que llegan son las que debían estar, y que, por encima de mi ego de ver el salón siempre lleno, o de tener las respuestas para todos, o ser la experta con muchas certificaciones, quiero honestamente compartir algo que he aprendido, precisamente siendo una persona común y corriente. Con humildad y compromiso seguiré dispuesta a aprender, a buscar herramientas, a ser ese puente entre el arriba y el abajo, pero sobre todo a generar el espacio para quien sienta que puedo empujarlo a dar ese primer paso, a atreverse.

Me queda una profunda sensación de alegría, al ver los primeros pasos de algunos de los asistentes: la emoción porque han empezado a incluir en sus rutinas diarias un momento para ellos, para observarse, para silenciarse. O la alegría de escuchar sobre sus observaciones de sí mismos: de sus pensamientos, de sus reacciones. O la sensación de triunfo que sienten, porque han podido extender el tiempo o cumplir la meta de sentarse mañana y tarde, aunque sea unos minutos.

No me queda más que gratitud porque cada una de las personas que llega a este espacio, me motiva para avanzar en mi propio camino hacia la ecuanimidad, hacia Upekkha; me dan la fuerza para persistir, para mirar a mis extraños a los ojos y decirles que ya no es solo por mí que quiero conocerlos y descifrar sus trampas; sino porque quiero mostrarle a otros,  que tenemos las herramientas para encontrar el camino a nuestra paz y avanzar entendiendo la dinámica de vida, con la certeza de que podemos asumir todos los retos que nos ponga.

Gratitud infinita también con @emocionalmente.co que han confiado en mí y me han dado la oportunidad de compartir y aprender. Seguiremos encontrándonos allí, los miércoles a las 6:00 pm y los sábados a las 8:00 am, para atrevernos a meditar… Y para seguir aprendiendo. 🙂


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